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CÍMBALO PARA CALLAR LA NOCHE

 

 

Yo no quise nacer en este cielo de morada ventisca

que acumula rencores como piedras,

yo no quise profanar la pelvis de mi madre para venir al mundo.

 

No había necesidad de mutilarla

con la doble navaja de la esperay el dolor de parto.

 

No  llegue para inhalar el polvo,

ni esta limadura que trepida en el labio.

Soy apenas címbalo para callar la noche de los peces,

me siento gravitar entre las hojas muertas de mis libros,

inaugurando preguntas como el primer lector del cuento de los dioses.

 

El incienso me quema la palma de la mano,

extingo el pabilo con lo blanco del ojo.

Me voy cociendo con el girar de la tarde.

Soy un caracol que duerme íntimamente solo,

voy dejando en la almohada el polvo más fino de mi sueño.

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